- Empresarios desconocidos hace una década hoy mueven miles de millones en contratos públicos, principalmente con Pemex. Investigaciones periodísticas y filtraciones apuntan a una red político-empresarial ligada al círculo cercano de López Obrador y al senador Adán Augusto López Hernández.
En política, las casualidades suelen ser demasiado costosas para ser solo coincidencias. En Tabasco, varios de los caminos del dinero público parecen conducir al mismo punto: el entramado político que rodea al hoy senador de Morena Adán Augusto López Hernández y al grupo de poder que se consolidó durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
La promesa de la Cuarta Transformación era romper con las élites económicas que históricamente prosperaron al amparo del poder. Sin embargo, a siete años del inicio del proyecto lopezobradorista, una nueva generación de empresarios ha emergido —rápidamente y con contratos públicos millonarios— bajo un patrón que recuerda demasiado al viejo sistema que el propio movimiento prometió erradicar.
Ernesto Madrid
El fenómeno ha sido documentado por investigaciones periodísticas, reportes de inteligencia y filtraciones que revelan cómo una red de negocios, notarías y operadores financieros ha acompañado el ascenso político del llamado Grupo Tabasco.
En Tabasco, al menos una veintena de empresarios han experimentado un crecimiento económico exponencial desde 2019, coincidiendo con la llegada de López Obrador a la presidencia y el control de Petróleos Mexicanos por parte del también tabasqueño Octavio Romero Oropeza.
Uno de los casos más visibles es el de Juan Carlos Guerrero Rojas, un empresario prácticamente desconocido en el círculo tradicional de contratistas petroleros que saltó a la atención pública tras organizar una ostentosa fiesta de XV años para su hija, un evento que, según reportes periodísticos, exhibió el nuevo poder económico de un grupo de empresarios cercanos al gobierno.
Contratos públicos confirman que Guerrero Rojas y su red de socios han recibido beneficios en contratos vinculados a Pemex desde 2019. Entre ellos destacan Ángel Ernesto García Castillo, José del Carmen Olán Arce y Héctor Peralta Grappin, quienes en conjunto aparecen vinculados a decenas de empresas relacionadas con obras y servicios petroleros.
Solo una de esas compañías, Petroservicios Integrales México, ha obtenido contratos que alcanzan hasta los cuatro mil millones de pesos. Otro ejemplo es Construcciones Garza, empresa que desde 2019 comenzó a recibir contratos relacionados con la construcción y mantenimiento en la Refinería Olmeca Dos Bocas, uno de los proyectos insignia del lopezobradorismo. A inicios de 2026, la empresa recibió un nuevo contrato por 72 millones de pesos mediante adjudicación directa cuando solo trabajaban en el ámbito municipal.
De acuerdo con investigaciones publicadas por El Universal, varios de los empresarios beneficiados en los últimos años constituyeron sus compañías en notarías vinculadas a amigos o aliados políticos del exgobernador tabasqueño Adán Augusto López. Estas notarías, según el diario, operan como una red de servicios legales que se ha heredado durante generaciones y que facilita la creación de estructuras empresariales utilizadas para contratos públicos.
El patrón no es nuevo en la política mexicana: redes jurídicas que permiten abrir empresas, transferir acciones o reorganizar socios cuando aparecen nuevas oportunidades de negocio vinculadas al gobierno.
Las sospechas sobre este entramado crecieron en 2023 cuando se filtraron grabaciones telefónicas en las que aparece el “empresario” Amílcar Olán com vínculos familiares con los López Obrador y filtradas por Germán Pérez, quienes hablaban sobre negocios vinculados a los hijos del presidente.
El material fue difundido en investigaciones periodísticas y citado por el columnista Raymundo Riva Palacio, quien documentó que en esas conversaciones se mencionaban operaciones multimillonarias en las que aparecerían Andrés Manuel López Beltrán y Gonzalo López Beltrán.
Los audios provocaron un intento interno por identificar su origen. Según distintas versiones periodísticas, operadores financieros cercanos a Adán Augusto López habrían buscado rastrear a los responsables de la filtración. Uno de los nombres que apareció en esa trama fue el del empresario Mario Pacchiano, señalado por presuntas operaciones irregulares en contratos de medicamentos.
La historia tomó una dimensión internacional cuando Amílcar Olán salió de México y, según reportes citados por fuentes gubernamentales, transfirió cerca de tres mil millones de pesos mediante complejas rutas financieras. El empresario habría pasado por Dubái y posteriormente por Suiza, donde autoridades mexicanas detectaron movimientos financieros sospechosos.
Fuentes citadas en investigaciones periodísticas aseguran que agencias estadounidenses han mantenido conversaciones con él, lo que podría convertirlo en un testigo cooperante en indagatorias relacionadas con corrupción y lavado de dinero.
En medio de estas polémicas, el senador Gerardo Fernández Noroña defendió públicamente que los políticos de la 4T no están obligados a vivir en austeridad personal, siempre que el presupuesto público se maneje correctamente. El argumento revela una paradoja política. El movimiento que llegó al poder denunciando la riqueza de las élites ahora se enfrenta a cuestionamientos sobre el surgimiento de una nueva clase empresarial ligada al poder político.
La historia del Grupo Tabasco parece repetir un viejo patrón de la política mexicana: empresarios que prosperan al ritmo del poder. La diferencia es que ahora ocurre bajo un discurso que prometía terminar precisamente con esa práctica.
Sin embargo, el uso de redes de factureros y la transferencia de capitales al extranjero sugieren que no se trata solo de un "estilo de vida", sino de un presunto lavado de dinero que, irónicamente, podría ser frenado si la UIF (Unidad de Inteligencia Financiera) aplicara los bloqueos de cuentas que la Suprema Corte validó este lunes.
Si la transformación era desmontar el viejo sistema de privilegios, el surgimiento de nuevos millonarios vinculados al poder plantea una pregunta incómoda para el proyecto político que domina México desde 2018: si cambió el régimen… ¿por qué los beneficiarios del poder siguen apareciendo exactamente en el mismo lugar donde siempre han estado? —en los contratos públicos.
@JErnestoMadrid
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