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China extiende al mundo experiencias con un libro blanco sobre COVID-19

China recuerda al mundo la importancia de fortalecer la cooperación en un planeta cuyos espacios los compartimos todos.

Por Jorge Fernández

Hoy por hoy, la propagación del brote de COVID-19 por el mundo ha sacado a la luz defectos en la política, la economía, la organización social y los sistemas sanitarios que habíamos ignorado inconsciente o deliberadamente con notable regularidad. Por encima de ellos está la incapacidad de muchos gobiernos para neutralizar con un plan conjunto y ejecutado simultáneamente el golpe asestado por la pandemia en diferentes terrenos de la humanidad. El domingo 7 de junio, China recordó en un libro blanco que el mundo demanda una respuesta colectiva para salir de este momento de obscuridad puesto que todos somos parte de una comunidad global de futuro compartido.

En el libro blanco “Luchando contra COVID-19: China en Acción” China reiteró su certeza de que solo uniéndose y cooperando al unísono la comunidad internacional emergerá de las sombras de este momento, y avanzará rumbo a un futuro más brillante en la historia de la humanidad. La publicación sienta un precedente en los trabajos de China para comunicar con precisión los principios que rigen las acciones desplegadas para enfrentar el inesperado brote de COVID-19 en el país y en el mundo. El texto deja de igual forma un registro de las batallas libradas contra el coronavirus, las mismas que, estudiadas en detalle, extienden experiencias sobre cómo China encaró y contuvo a un enemigo que atacó al mundo por sorpresa.

China se volcó contra el coronavirus en una guerra en la que la vida y la salud de las personas se fijaron como la prioridad. En atención a este criterio, las autoridades pusieron en vigor lineamientos para prevenir y controlar el brote de neumonías. Las medidas a seguir vistas en retrospectiva fueron amplias y rigurosas, y pese a los enormes sacrificios y pérdidas materiales y humanas, todas ellas lograron cortarle el paso a la transmisión de la COVID-19 en diferentes canales. La solidaridad de mil 400 millones de personas para enfrentar al virus con una sola voz se contrastó con la parcialidad mediática y con la de pronunciamientos oficiales de algunos países, que desafortunadamente hicieron mella en la percepción mundial e impidieron entender la realidad en torno al virus.

La publicación del libro blanco, por consiguiente, ofrece al lector una fuente oficial para corroborar los trabajos desplegados y las peculiaridades de un país que ha librado batallas en tres amplios frentes: la contención de un virus que pone en peligro la vida humana; la rectificación de la verdad ante criterios distorsionados que confunden a la opinión pública; y la extensión de ayuda a países que necesitan fortalecer la lucha contra el coronavirus. El lector podrá encontrar en este texto los principios que rigen las acciones y el comportamiento del gigante asiático de forma abierta, transparente y responsable, y el anhelo de que el mismo sirva como referencia y guía en caso de que la humanidad padezca otro golpe de igual naturaleza.

Otros puntos importantes merecen destacarse de este texto, el mismo que aclara en detalle cronológico la respuesta china en estos tres frentes de batalla. En primer lugar, la difusión de información sobre el brote epidémico en China. En algún momento del 4 de enero, el director del Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades estableció una llamada telefónica con su homólogo de Estados Unidos, y tras comunicarle los pormenores sobre la existencia y proliferación de la COVID-19, ambos funcionarios acordaron mantener y estrechar los contactos para compartir información y cooperar en asuntos técnicos. Lejos de ocultar, China difundió la existencia del virus al tiempo que ponía manos a la obra para contener las neumonías mortales.

En segundo lugar, China maximizó un sistema de comando centralizado, en el que el presidente de China, Xi Jinping, asumió el mando completo en los esfuerzos de prevención y control. Gracias a los lineamientos establecidos bajo su liderazgo, se hicieron cumplir periodos de cuarentena y aislamiento que a la postre resultaron claves en la victoria. El personal sanitario atestiguó una movilización por todo el país a fin de brindar ayuda a las personas que estaban siendo afectadas por la COVID-19. Simultáneamente, las organizaciones vecinales se erigieron como una importante autoridad de apoyo para identificar y controlar el surgimiento de brotes en comunidades urbanas. Los lineamientos dictados por Xi Jinping resultaron fortalecidos por el alto grado de apoyo y disciplina social demostrada por 1.400 millones de chinos que asimilaron sin objeción que la meta para paliar y achatar la curva de enfermedades era responsabilidad de todos.

En tercer lugar, el libro blanco puntualiza el enfoque científico que el gobierno de China adoptó para someter al enemigo común y ganar la batalla contra la COVID-19. De cara a intentos del exterior por politizar e intentar sacar ventaja de una desgracia que ha afectado a prácticamente todo el mundo, China encontró en la ciencia un arma para protegerse y combatir tanto al virus como a pronunciamientos viperinos. El presente se saturó de incoherencias, aseveraciones infundadas, intentos por incordiar y discursos polarizadores que urgieron al gigante asiático a poner a la objetividad de la ciencia como estandarte de la lucha. El empleo de este enfoque ha resultado crucial, tanto para controlar la propagación de enfermedades como para acallar a voces que sacan provecho de la división.

Y cuarto, “Luchando contra COVID-19: China en Acción” evidencia el espíritu humanista que China encarna para cooperar hombro a hombro con aquellos que se lo solicitan. El mundo de hoy está dando nuevas interpretaciones a la globalización y, de cara a esta peligrosa ola, la cooperación entre los miembros de la comunidad, bajo el entendido de que todos compartimos el mismo planeta, es fundamental en la formación de un frente común que fortalezca los intercambios entre las sociedades humanas. La cooperación internacional y la compartición de información se facilitan y se asimilan con mejor facilidad cuando los países trabajan coordinadamente para erigir puentes por medio de los cuales las distancias se acorten. Ir en contra de este proceso natural impedirá al mundo responder con una sola fuerza y terminará hiriendo los intereses de todos por igual.

El texto que China comparte hoy sentará las bases para racionalizar experiencias que alerten y preparen al mundo ante nuevas e inesperadas eventualidades.

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