- La ofensiva comercial de Donald Trump reordena el tablero global en pleno Foro Económico Mundial, mientras Europa acelera alianzas y México llega debilitado a una negociación clave.
El Foro Económico Mundial inicia en Davos bajo un clima de tensión comercial y redefinición geopolítica. El lema de este año, “El espíritu del diálogo”, quedó rápidamente eclipsado por el anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles del 10 por ciento a ocho países europeos como parte de su ofensiva para presionar la cesión de Groenlandia. Lo que parecía una excentricidad se convirtió en un factor real de disrupción económica.
Ernesto Madrid
La amenaza es sustancial. La Unión Europea exporta a Estados Unidos más de 531 mil millones de dólares al año, cerca del 20 por ciento de las importaciones estadounidenses. Gravar ese flujo impacta uno de los pilares del comercio global. Trump dejó claro que los aranceles ya no son una herramienta económica, sino un instrumento de coerción política, donde confluyen seguridad, control territorial y acceso a recursos estratégicos.
Groenlandia, territorio autónomo danés, ya alberga la base espacial estadounidense de Pituffik y mantiene desde 1951 un acuerdo de despliegue militar con Washington. Para Trump, eso ya no es suficiente. La reacción inmediata ha sido un endurecimiento europeo y, sobre todo, una aceleración de su estrategia de diversificación comercial.
En ese contexto se explica el cierre del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, tras más de dos décadas de negociación. Con un intercambio cercano a los 110 mil millones de euros anuales, el acuerdo envía un mensaje político claro: frente a una relación transatlántica cada vez más impredecible, Europa busca reducir su dependencia de Estados Unidos.
México enfrentará la renegociación del T-MEC en ese mismo entorno. El episodio de Groenlandia deja una lección incómoda: para Trump, el comercio es una extensión de su agenda geopolítica. La respuesta mexicana no puede limitarse a lo técnico. Exige demostrar integración productiva, defender reglas de origen, advertir los costos inflacionarios de una ruptura y diversificar mercados y suministros estratégicos sin estridencias.
Mientras tanto, la Unión Europea discute en Bruselas una respuesta a los aranceles estadounidenses. Sobre la mesa está el Instrumento Anticoerción, la llamada “bazuca comercial” que permitiría bloquear el acceso de Estados Unidos al mercado europeo, con el respaldo explícito del presidente francés Emmanuel Macron.
En contraste, México volvió a ausentarse de una vitrina estratégica. La presidenta Claudia Sheinbaum declinó asistir a Davos pese a haber sido invitada formalmente, y envió una delegación de bajo perfil encabezada por Altagracia Gómez y la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, relegadas a espacios periféricos del encuentro. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, permaneció en México preparando un T-MEC que hoy respira con dificultad.
Otros socios avanzan. Canadá cerró un acuerdo con China para reducir aranceles en sectores clave, una señal clara de recalibración de su política comercial. México, en cambio, enfrenta problemas internos no resueltos. De acuerdo con México ¿cómo vamos?, el crecimiento económico se mantiene por debajo del promedio mundial, regional y de Estados Unidos. El Plan México reconoce que la inversión es el motor del crecimiento, pero persisten dos frenos estructurales: un marco energético restrictivo y la falta de certeza jurídica.
El contraste es evidente. Mientras Europa diversifica, Canadá ajusta y Estados Unidos presiona, México observa desde la barrera. Lo hace además condicionado por la necesidad política de defender el legado heredado de Andrés Manuel López Obrador, en medio de señalamientos sobre vínculos entre actores políticos del sexenio anterior —algunos asociados a Morena— y el crimen organizado, en un periodo marcado por la expansión del control territorial y del narcotráfico.
En ese contexto, la política exterior y comercial mexicana parece subordinada tanto a la presión de Washington como a la urgencia de administrar un pasado incómodo, justo cuando el mundo exige definición y presencia.
@JErnestoMadrid
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