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De petista a morenista: Noroña, el “socialista fifí” que pasó de la pobreza franciscana a las mansiones de lujo

  • El Senado vivió un capítulo digno de reality show político: Gerardo Fernández Noroña y Alejandro “Alito” Moreno se dieron hasta con la mirada en plena sesión, entre jaloneos, empujones y frases de barrio. La riña no solo exhibió la mecha corta del priista, sino también los lujos y contradicciones del morenista, quien pasó de criticar la opulencia neoliberal a presumir residencia de 12 millones en Tepoztlán.

El Congreso de la Unión no necesita Netflix, ya tiene su propia serie de acción. En la última sesión de la Comisión Permanente, los senadores Gerardo Fernández Noroña (Morena) y Alejandro “Alito” Moreno (PRI) convirtieron el Pleno en un ring improvisado. Todo empezó por lo más mexicano posible: un pleito por la palabra.

Ernesto Madrid

Resulta que el líder priista se quejó de no haber tenido turno para intervenir. Noroña, en su papel de presidente de la Mesa Directiva, dio por cerrada la sesión y ordenó entonar el Himno Nacional. Hasta ahí parecía un trámite, hasta que Moreno decidió subir a la tribuna para reclamar. Entre reclamos, empujones y el clásico “¿qué te pasa?”, los insultos se transformaron en golpes. Según Noroña, Alito le soltó puñetazos en los brazos y hasta lo amenazó con la frase “te voy a partir la madre, te voy a matar”.

La escena derivó en caos: legisladores y colaboradores intentando separar a los contendientes, un trabajador del Senado (Emiliano González) que terminó con collarín y Morena anunciando que pedirá el desafuero de Moreno por agresión. “Esto no se puede quedar ahí”, sentenció Noroña, en modo víctima.

Pero más allá de la riña, lo que terminó en el reflector fue la vida personal del “compañero senador”. Y es que, de aquel Noroña que se negaba a pagar 50 centavos de impuestos por un refresco (IEPS), que hacía plantones contra el neoliberalismo y presumía su “pobreza franciscana”, hoy queda poco. Ahora habita una residencia en Tepoztlán valuada en 12 millones de pesos, con terraza, jardines amplios y decoración rústica-importada, que bien podría aparecer en una revista de arquitectura.

Para cualquier mexicano con ingresos altos, comprar algo así implicaría comprobar más de 185 mil pesos mensuales y pagar cuotas de hasta 110 mil pesos cada mes. Pero Noroña asegura que todo es legal: “Es un crédito hipotecario, está en mi declaración patrimonial”, dice.

La ironía no pasa desapercibida: el mismo político que acusaba a otros de fifís neoliberales ahora se codea con los mismos lujos que tanto criticaba. Y para rematar, suele rodearse de personajes igual de polémicos: desde Adán Augusto López, señalado por vínculos indirectos con grupos criminales, hasta Marina del Pilar Ávila, gobernadora a la que Estados Unidos retiró la visa.

En la riña legislativa el contexto no pasa desapercibido por sus “compinches de lujo” del senador: Sergio Gutiérrez Luna y su guardarropa millonario, César Yáñez con su boda VIP y Andrea Chávez con sus rebeldías anticipadas. Todo un club de la contradicción política que acudieron a su informe de labores el pasado 14 agosto.

“Nos vemos a la salida”, le gritó Alito a Noroña, como si fueran chamacos peleando en la secundaria. Y ahí quedó el sello tragicómico de la política mexicana: un Senado convertido en ring, un trabajador lesionado convertido en símbolo y un Noroña convertido, a ojos de muchos, en “socialista fifí”.

Al final, lo que debió ser una sesión solemne terminó como espectáculo digno de La Rosa de Guadalupe. Con una diferencia: aquí no hubo brisa milagrosa, solo empujones, mansiones y el eterno contraste entre el discurso austero y la realidad de lujo.

@JErnestoMadrid

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