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CORTINAS DE HUMO

 

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Por @Rafael Lulet

Los gobierno se les olvida la gran obligación que tienen con sus soberanos, por ignorancia o conveniencia, tal vez ambas, pero recurren a llamar la atención de los ciudadanos con el fin de opacar la ineptitud de sus decisiones, las estrategias fallidas, son blancos fáciles de reclamos, pero antes de afrontar esas consecuencias o de aclararlas para luego rectificarlas algo el cual harían los gobernantes honestos, prefieren hacer campañas de descréditos a los oponentes o generar noticias falsas sin mencionar el tratar de distraer al pueblo con aseveraciones tontas y caprichosas.

Hemos tenido gobernantes quienes han caído en ridiculeces descendiendo con ello en lo burdo, el gobernar se ha vuelto en las últimas tres décadas en un acto de fe, el pueblo busca en cada candidato un salvavidas ante la decepción de cada sexenio, pero hace más daño la desilusión al desencanto e indigna más la inesperada traición a la presumible venganza, tal como lo diría Confucio ante la explicación del significado del buen gobierno, “Los que están próximos se sienten felices, y los distantes, atraídos”, parecería ser una repetitiva maldición para una gran nación como México.

Personajes como Vicente Fox o Peña Nieto, manejaron eslogan de esperanza para un pueblo hambriento de salir adelante, de esperar al mesías salvador de una nación, sin embargo la decepción pronto llegaba y parecería ser que eso iba a terminar con el arribo de un López Obrador, pero no ocurrió, resultó ser igual o peor a sus antecesores, si Sigmund Freud siguiera vivo, estaría psicoanalizando al pueblo mexicano diciéndoles la razón por el cual escogen malos gobernantes igual a la mujer quien se casa siempre con parejas golpeadoras, realmente ¿el problema se encuentra en el inconsciente colectivo de cada uno de nosotros?.

El caso Lozoya, es igual a la cortina de humo de la venta de boletos de un avión inexistente, sin mencionar al ya desgastado discurso de los “salvadores del pueblo” contra los enemigos del mismo: “los neoliberales”, rescatando esas frases de “abrazos y no balazos”, mientras por otro lado liberan a los narcotraficantes con la excusa de haberlo hecho para no generar más violencia, olvidando con eso el porque existe el Estado y cual fue su objetivo primordial: “cuidar al pueblo de aquellos quienes atentan de su seguridad”, emanado del pacto social de Rousseau; si eso no es falsedad, mentiras y corrupción, entonces estamos ante una verdadera crisis social.

Conforme a derecho quien usurpa una profesión cae en un delito y ante la sociedad se le señalaba como un mentiroso teniendo consecuencias por eso, ahora funcionarios públicos se jactan de ser doctores sin estudios, licenciados sin haberse titulado, maestros sin tener un documento probatorio, expuestos por la institución encargada de registrar los estudios tal como lo faculta la misma constitución, norma máxima y rectora de todas nuestras leyes, pero a pesar de eso, las consecuencias no existen y burlonamente solo contestan que eso no es problema, sin ameritar consecuencia alguna, porque quien debería hacer respetar la ley no lo está haciendo, refiriéndome al presidente o quien se dice serlo, demostrando con ello la traición al estado de derecho, faltando al espíritu de las leyes de Montesquieu.

Cortinas de humo para opacar un mal gobierno, una mala economía, una pésima actuación ante una pandemia que ha generado 42 mil fallecidos y contando porque no le interesa al presidente todas esas muertes, siendo con ello lo decepcionante de un proyecto de nación mencionado a cada momento cuando este era candidato, traicionando a muchos a pesar de que otros aún lo sigan adorando, pero ¿por cuánto tiempo?, ¿Hasta tener lo triple de decesos?, ellos quienes ya no podrán votar por un candidato quien ya no lo es, pero él aún así se lo cree.