- Las alertas de Moody’s, S&P y Fitch ya no son advertencias aisladas: deuda creciente, rescates multimillonarios a Pemex, bajo crecimiento y deterioro institucional colocan a México en el límite financiero, mientras Hacienda intenta contener el golpe con un discurso de estabilidad que los mercados ya empiezan a cuestionar.
México acaba de entrar a una de las zonas más delicadas para cualquier economía: el borde de perder el grado de inversión. Aunque el gobierno federal insiste en proyectar estabilidad y fortaleza económica, las principales calificadoras internacionales están diciendo exactamente lo contrario. Y no con discursos políticos, sino con números.
La señal más grave vino de Moody's Ratings, que redujo la calificación soberana de México de Baa2 a Baa3, el último escalón antes de caer al nivel de “bono basura”. Al mismo tiempo, S&P Global Ratings cambió la perspectiva de la deuda mexicana de estable a negativa, mientras Fitch Ratings mantiene al país apenas un nivel arriba del precipicio financiero. En términos simples: México sigue teniendo grado de inversión… pero ya está parado en la orilla.
Ernesto Madrid
La reacción de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público fue inmediata. Hacienda salió a destacar que México conserva el grado de inversión y subrayó que Moody’s cambió la perspectiva de negativa a estable, intentando transmitir tranquilidad a los mercados. Formalmente tiene razón: el país aún mantiene el grado de inversión con las ocho agencias que evalúan su deuda y, técnicamente, no se anticipa otro recorte inmediato.
Pero el dato que el gobierno evita enfatizar es el verdaderamente delicado: México ya cayó al último escalón posible antes de perder la confianza financiera internacional. Y eso cambia completamente la lectura. Porque el problema ya no es si el país conserva hoy el grado de inversión, sino cuánto tiempo podrá sostenerlo si continúan deteriorándose las variables que las propias calificadoras han señalado. Hacienda insiste en que existe “solidez macroeconómica”, una economía diversificada y estabilidad financiera. También presume el llamado “Plan México” para acelerar inversiones en infraestructura, energía y logística.
Sin embargo, incluso dentro del discurso oficial aparecen las contradicciones. El gobierno habla de nearshoring histórico y grandes anuncios de inversión extranjera, pero al mismo tiempo organismos como el Banco Mundial y la OECD proyectan para México un crecimiento de apenas entre 1.2% y 1.7%. Para una economía con deuda creciente, alto gasto social y enormes necesidades de inversión, ese crecimiento es insuficiente. Y eso es exactamente lo que las calificadoras están viendo. Moody’s advierte que el déficit fiscal ronda ya el 5% del PIB, uno de los niveles más altos en décadas recientes. Es decir: el gobierno gasta mucho más de lo que ingresa y la situación no parece temporal. La propia agencia prevé déficits superiores al 4% hasta 2027.
Al mismo tiempo, la deuda pública pasó de 39.8% del PIB en 2023 a 49.3% en 2025, un salto acelerado para una economía prácticamente estancada. Pero el foco rojo más grande sigue siendo Petróleos Mexicanos. Mientras el gobierno defiende a Pemex como símbolo de soberanía energética, las calificadoras la observan como el principal riesgo fiscal del país. Solo en 2025, el respaldo gubernamental a la petrolera equivale a 35 mil millones de dólares, cerca del 2% del PIB. Y Moody’s ya anticipa más rescates en los próximos años.
En otras palabras: el gobierno sigue utilizando recursos públicos para sostener una empresa que no logra corregir sus problemas estructurales. Pero el riesgo ya no es solo financiero. Moody’s y S&P también hablan de deterioro institucional: debilitamiento de contrapesos, reformas constitucionales y el impacto de la reforma judicial sobre el clima de inversión.
Ese punto es clave porque cambia la naturaleza del problema. Los mercados ya no solo se preguntan si México puede pagar su deuda. Ahora también empiezan a preguntarse si México sigue siendo un país confiable para invertir. Y ahí está el verdadero foco rojo. El gobierno intenta transmitir calma diciendo que Moody’s prevé una recuperación gradual y que el “Plan México” impulsará inversiones estratégicas. Pero los mercados financieros no reaccionan a discursos políticos, reaccionan a riesgos concretos.
Y hoy las calificadoras están enviando un mensaje inequívoco: más deuda, menor crecimiento, rescates constantes a Pemex, menor margen fiscal y creciente incertidumbre institucional. México todavía conserva el grado de inversión. Pero ya no tiene espacio para cometer muchos más errores. Porque cuando un país llega al último escalón, cualquier choque político, fiscal o económico puede terminar empujándolo al vacío financiero que el gobierno insiste en minimizar… aunque las señales internacionales digan exactamente lo contrario.
@JErnestoMadrid
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