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T-MEC: negociar con aranceles

  • La revisión del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá arranca en un escenario menos favorable para México: Washington advierte que los aranceles llegaron para quedarse. Entre presión industrial, desaceleración interna y la disputa por las cadenas productivas, el país enfrenta la negociación económica más compleja de los últimos años.

La próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T‑MEC) no iniciará bajo la lógica clásica del libre comercio. Por el contrario, la señal enviada desde Washington es clara: los aranceles no desaparecerán.

Ernesto Madrid

Durante su reciente visita a México, el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, fue directo en reuniones privadas con empresarios y autoridades mexicanas: “al presidente Donald Trump le gustan los aranceles; nunca volveremos a un mundo sin ellos”. La frase marcó el tono de las conversaciones previas a la primera ronda formal de negociación programada para el 25 de mayo, rumbo a la revisión conjunta del acuerdo el 1 de julio.

El mensaje redefine el terreno de negociación. Más que discutir su eliminación, México deberá concentrarse en administrar, reducir o compensar los aranceles existentes. Uno de los puntos más sensibles son las tarifas aplicadas bajo la Sección 232, que actualmente imponen hasta 50% al acero y han impactado directamente a la industria mexicana.

Datos del sector indican que en el primer bimestre de 2026 las exportaciones mexicanas de acero hacia Estados Unidos cayeron 54%, mientras que el sector automotriz registró una reducción cercana al 17%. El diagnóstico que transmitió Greer en reuniones en Palacio Nacional y en encuentros empresariales, fue que las tarifas no están en discusión, aunque podría evaluarse algún ajuste para evitar que México pierda competitividad frente a Asia.

En otras palabras: el piso de cero aranceles que inspiró el viejo TLCAN ya no es la referencia política en Washington. El empresariado mexicano percibe el mismo giro en la postura estadounidense. El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, José Medina Mora, advirtió que las negociaciones parten de un escenario más rígido: Estados Unidos muestra una postura más dura que en rondas anteriores.

Durante los encuentros con Greer participaron líderes empresariales como: Carlos Slim Domit (Grupo Carso y América Móvil); Carlos Hank González (Grupo Financiero Banorte / Gruma); Daniel Servitje (Grupo Bimbo) y Antonio del Valle Perochena.

También estuvieron presentes directivos de las principales armadoras en México: General Motors, Nissan, BMW, Mercedes‑Benz y Stellantis. El argumento central del sector privado fue que los aranceles no sólo afectan a México, sino también a las cadenas productivas estadounidenses, debido a la profunda integración industrial entre ambos países.

El trasfondo estratégico de la negociación es la reorganización de las cadenas globales de producción. El economista Marcelo Estevao, economista jefe del Institute of International Finance, ha advertido que la relocalización industrial no es una ola automática para México. Según explicó en el podcast Norte Económico del Grupo Financiero Banorte, el nearshoring es una competencia, no una garantía.

Para aprovecharla, los países deben ofrecer: infraestructura logística; certidumbre regulatoria; talento y proveeduría local y productividad industrial. Sin estas condiciones, advierte, la inversión puede llegar, pero no transformar la economía.

El momento económico tampoco juega completamente a favor de México. El Indicador de Consumo Big Data de BBVA Research reportó en marzo de 2026 una caída mensual de -0.6%, la tercera consecutiva del año. En el acumulado anual, el consumo muestra una contracción promedio de -2.0%, casi diez puntos por debajo del mismo periodo de 2025.

Sectores como hoteles y restaurantes registran descensos interanuales de -12.2% y -8.4%, respectivamente, reflejando una desaceleración de la demanda interna. Aunque el Copa Mundial de la FIFA 2026 podría generar un impulso temporal al gasto en el segundo trimestre, los analistas anticipan que el consumo volverá a moderarse en la segunda mitad del año debido a la incertidumbre económica global.

En este nuevo contexto, México llega a la revisión del T-MEC con tres frentes simultáneos: Reducir o flexibilizar aranceles industriales, particularmente en acero y automotriz. Proteger la integración manufacturera que ha convertido al país en el principal proveedor de Estados Unidos. Aprovechar el nearshoring sin perder competitividad frente a Asia.

La negociación técnica comenzará a finales de mayo y deberá producir resultados antes del 1 de julio, cuando se realice la revisión formal del acuerdo. El debate ya no gira en torno al libre comercio, sino al control estratégico de las cadenas productivas.

Estados Unidos busca proteger sectores industriales sensibles; México intenta mantener abierta la integración que sostiene gran parte de su economía exportadora. Entre ambas visiones se jugará el futuro del T-MEC, un acuerdo que nació para eliminar barreras comerciales, pero que ahora deberá sobrevivir en una era donde los aranceles vuelven a ser instrumento de poder económico.

@JErnestoMadrid 

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