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Trump lanza advertencia hemisférica tras Venezuela: niega mensaje a México, pero endurece discurso contra cárteles

  • Tras la captura de Nicolás Maduro, el presidente de Estados Unidos descarta que la operación sea una señal directa para México; sin embargo, sus declaraciones sobre narcotráfico, soberanía y uso de la fuerza colocan al país en el radar estratégico de Washington.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que la captura del mandatario venezolano Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, no debe interpretarse como un mensaje dirigido a México. Sin embargo, en la misma jornada, el mandatario endureció su discurso contra el narcotráfico en territorio mexicano, afirmó que los cárteles “gobiernan el país” y advirtió que su administración “tendrá que hacer algo”.

Ernesto Madrid

Las declaraciones fueron realizadas en una entrevista telefónica con Fox News, poco antes de la conferencia en la que Trump celebró la operación militar contra Venezuela y defendió el uso de la fuerza como mecanismo de protección de la seguridad nacional estadounidense.

“No es una señal para México”, dijo Trump al ser cuestionado directamente. Acto seguido, añadió: “Tenemos que hacer algo. Hemos perdido alrededor de 300 mil personas por las drogas que cruzan nuestra frontera sur”, insistiendo en que el principal flujo de estupefacientes proviene de México, aunque reconoció que también entra droga por Canadá.

Trump reiteró su narrativa de que los cárteles del narcotráfico ejercen el control real del país, no el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, con quien afirmó mantener “una buena relación personal”. De acuerdo con el mandatario, ha planteado en privado a la presidenta mexicana la posibilidad de que Estados Unidos actúe directamente contra los grupos criminales, una opción que —según dijo— ha sido rechazada por el gobierno mexicano.

El contexto en el que se producen estas declaraciones resulta clave. Trump acababa de justificar una operación militar en territorio venezolano bajo el argumento de que Nicolás Maduro era un líder narcotraficante que representaba una amenaza directa para Estados Unidos y la región. En su conferencia posterior, defendió la Doctrina Monroe —“América para los americanos”— y afirmó que su gobierno aplicará una versión reforzada de esa política para “aplastar a los cárteles” y proteger la soberanía estadounidense.

Aunque el presidente estadounidense negó que el caso venezolano sea un aviso para México, su administración ha enviado señales previas: la declaración del fentanilo como arma de destrucción letal, el endurecimiento del discurso desde el gabinete de seguridad y la insistencia en que el narcotráfico constituye una amenaza equiparable al terrorismo y la designación de cárteles y otras organizaciones como organizaciones terroristas extranjeras y terroristas globales hace casi un año.

Del lado mexicano, el gobierno ha respondido defendiendo el principio de soberanía y señalando a Estados Unidos como el mayor mercado consumidor de drogas del mundo, además de acusar el flujo ilegal de armas hacia el crimen organizado. La postura fue reiterada tras la operación en Venezuela, cuando México condenó las acciones militares estadounidenses por considerarlas una violación al artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas.

Sin embargo, analistas advierten que el caso venezolano marca un precedente delicado. La captura de un presidente en funciones, justificada bajo cargos de narcotráfico y seguridad nacional, abre la puerta a interpretaciones expansivas del uso de la fuerza más allá de los marcos multilaterales.

La preocupación fue compartida por el secretario general de la ONU, António Guterres, quien advirtió que la operación estadounidense sienta un precedente peligroso. La Unión Europea, Reino Unido, Alemania y Francia llamaron a respetar el derecho internacional, mientras que países como Italia consideraron “legítima” una acción defensiva contra Estados vinculados al narcotráfico.

En América Latina, las reacciones fueron dispares. Brasil calificó la operación como una afrenta grave a la soberanía regional, mientras que Ecuador y Argentina celebraron el golpe contra el chavismo. Colombia pidió una reunión urgente del Consejo de Seguridad y activó protocolos ante un posible flujo de refugiados.

Trump fue más allá: aseguró que Estados Unidos “se hará cargo” del vacío de poder en Venezuela durante el periodo de transición y anunció inversiones millonarias en infraestructura petrolera. “Básicamente vamos a dirigir el país”, afirmó, al tiempo que acusó a Caracas de haber sido refugio de fuerzas hostiles a Washington.

La suma de mensajes, declaraciones y decisiones deja una conclusión incómoda: aunque Trump niegue que México sea el objetivo inmediato, el discurso que justificó la intervención en Venezuela contiene los mismos elementos que Washington ha señalado reiteradamente en el caso mexicano —narcotráfico, pérdida de control territorial y amenaza directa a la seguridad estadounidense—.

No es una amenaza explícita. Es algo más sofisticado: una advertencia estratégica.

@JErnestoMadrid

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